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Shabat Shalom


Parashat Ki Tisa-5
Por. R.Aharon Shlezinger






El valor de las mujeres de Israel

El Creador había ordenado la elaboración de los elementos necesarios para construir el Santuario, la hechura de la ropa de los servidores, como así, las ofrendas vegetales y animales a realizar.  Luego anunció: (Shemot 29: 43): “Allí me Presentaré, para hablar a los hijos de Israel, y será (el Santuario) santificado por Mi gloria... y Moraré entre los hijos de Israel, y seré para ellos Di-s”.

Todas estas ordenanzas tenían como objetivo permitir que el pueblo judío alcance nuevamente el nivel perdido al haber construido el becerro de oro.

Tras lo declarado por los versículos anteriormente mencionados, parecería como si ya todo ha sido culminado, faltando solamente poner manos a la obra. Sin embargo, el Creador ordena construir un nuevo implemento: el altar de oro para encender allí el incienso.

¿Por qué no ordenó esto junto con todos los demás dispositivos? Seguramente porque se trataba de algo muy especial, como la fresa que se coloca al finalizar la decoración de una torta.

El altar de oro era efectivamente un elemento de tremenda importancia, pues el incienso allí ofrecido al Todopoderoso, tiene tanta fuerza, que puede detener plagas y epidemias. Es por eso que el Creador, tras la culminación de todas las ordenanzas concernientes a la obra, manifiesta de qué manera se anunciará, y recién entonces dispone la realización del altar de oro.

Ahora bien, ¿de dónde salió el oro para construir todos los elementos del Santuario, incluido el altar recientemente citado?  Esa respuesta la hallamos en el versículo en Shemot 35: 22: “Vinieron los hombres con las mujeres. Todos los generosos de corazón trajeron pulseras, aros, anillos y adornos femeninos...”.

La descripción de los objetos enumerados en el versículo, revela que se trata de elementos utilizados por las damas. Ellas no vacilaron un solo instante en desprenderse de sus valiosas alhajas y donarlas para la construcción del Santuario. En cambio, tiempo atrás, cuando sus maridos habían ingresado precipitadamente al hogar, para pedirles sus joyas, sin revelarles para que fin, ellas les respondieron: “Cuando el hombre trae un presente a su esposa, no lo hace para después pedírselo nuevamente”.

Así fue como las mujeres retuvieron sus pertenencias, pues dedujeron que si sus esposos se conducían en ese momento de modo tan agitado, nada bueno podía salir de eso. Efectivamente, los hombres querían el metal para construir un becerro de oro, al cual le rendirían culto, acto en el cual ellas no participaron.

La ordenanza acerca del altar de oro, es el tema con el que concluye la sección de la Torá “Tetzavé”.

Al comienzo de la parashá siguiente, parashat “Ki Tisá”, Di-s le pide a cada hombre adulto, mayor de veinte años, que traiga medio shekel (es el nombre de una moneda), en rescate por su alma, para que no sean expuestos a una epidemia o plaga al ser censados.   De esta manera, al ser contabilizado el dinero, se sabía cuántos hombres había, ya que está prohibido contar a los hijos de Israel por sus cabezas, pues el pueblo recibió la bendición de ser “tan numerosos como la arena que hay en la orilla del mar, la cual no se puede contar”.

Esta pedido de traer un elemento expiatorio, parecería indicar que ya todos han quedado limpios de cargo y culpa, por lo que es posible abocarse a la construcción del Santuario. Sin embargo, a posteriori, Di-s ordena construir un lavatorio de cobre para que los Cohanim se purifiquen, lavándose allí sus manos y pies.  La misma debía ser colocada entre el Tabernáculo de reunión y el altar.

¿Por qué es que D'os pidió que se construya este nuevo objeto en este momento, y no lo hizo cuando ordenó construir los demás muebles y objetos? Además, este lavatorio no tenía un gran tamaño, y sería colocada junto a elementos que son de oro: ¿Por qué no podía ser realizada con ese mismo material?  

La respuesta es que este objeto era un elemento muy especial y peculiar, como veremos a continuación.

En tiempos en que el pueblo de Israel sufría la dura esclavitud en Egipto, y eran obligados a realizar trabajos forzados, el Faraón había decretado que los hombres no duerman en sus casas, con el claro objetivo de impedirles tener hijos.

Pero las esposas de los hombres del pueblo no se dejaron vencer por el Faraón y ellas mismas descendían a extraer agua del río Nilo para dar a sus maridos.  El Todopoderoso aprontaba allí pequeños peces, que ingresaban en las vasijas que ellas sumergían y así podían preparar comida exquisita, y junto con un odre de vino, salían al campo, para alimentar a sus maridos.

Durante la comida, cada una de ellas extraía su espejo, para contemplarse en él, junto a su esposo. La dama sugería: “Yo soy más hermosa que tú!”. Y el hombre respondía: “Yo soy más apuesto que tú!”. De esta manera se generaba un clima de deseo mutuo, que permitía el nacimiento de nuevas vidas.

En esos tiempos, el pueblo judío creció de manera muy notoria, a tal grado que al salir de Egipto la Torá dice: “Sacó Di-s a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus ejércitos”.

¿Qué significa " por sus ejércitos”, de dónde salieron todos esos batallones de gente que son mencionados en el versículo? Nacieron gracias a los espejos de las mujeres, mediante los cuales incentivaban a sus maridos, para que el pueblo continúe creciendo. Y el Creador premiaba la actitud de las mujeres, bendiciendo sus vientres con sextillizos. (Midrash Tanjuma Pekudei 9)

Volviendo a nuestro tema, vemos ahora la relación que hay entre lo recientemente narrado, y la construcción del lavatorio encomendada por el Todopoderoso, como broche final de la obra.

Las mujeres, al escuchar la nueva solicitud del Creador, pensaron: “¿las alhajas de oro y plata que teníamos, ya las hemos donado, qué nos queda de las pertenencias propias, que no son compartidas con nuestros esposos para aportar ahora? Los espejos de cobre!”.

Así fue como se dirigieron a Moshé portando este tan preciado objeto, que les había permitido alentar a sus maridos para procrear nuevas vidas, en épocas de amargura y aflicción, durante el proceso de la esclavitud en Egipto.

Las mujeres se presentaron delante del líder del pueblo judío, obsequiando su contribución.  Sin embargo, Moshé no mostró satisfacción con el material traído, e intentó desecharlo, pues pensó "¿para qué pueden servir estos espejos?  Es un elemento que incita al mal instinto".

El Todopoderoso, no obstante, manifestó: “Moshé! ¿por qué desprecias esos objetos? Gracias a ellos nacieron todas estas huestes que ahora guías. Tómalos, y haz con ellos el lavatorio y el pedestal de la misma, para que los servidores del Santuario se purifiquen a través de ella!”.

De aquí aprendemos cuán valioso es el lavatorio, pues más allá de servir para purificar a los servidores de D'os, fue construida con el elemento que dio origen a la gran masa del pueblo de Israel, cuando las condiciones eran realmente duras, en épocas de esclavitud. Y en honor a las heroicas mujeres del pueblo de Israel, D'os encomendó que el lavatorio para la purificación sea hecho totalmente de cobre, pues a través de esos espejos, las mujeres hicieron que el pueblo judío sea tan numeroso “como las estrellas del cielo, y como la arena que hay en la orilla del mar”.

Shabat Shalom




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