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Shabat Shalom


Parashat Emor-5
Por. R.Aharon Shlezinger




La importancia de honrar al Shabat.

La sección de la Torá “Emor”, declara (Vaykrá 23:1): “Habló Di-s a Moshé diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles a ellos estos son los tiempos de Di-s a los que llamarán convocaciones santas. Estos son Mis tiempos. Seis días trabajaréis, y el día séptimo es Shabat, el cual será llamado sagrado”.

Veremos a continuación, que acerca de la importancia y magnificencia del Shabat está escrito (Iashia 58: 13): ”Llamarás al Shabat, deleite”. La explicación es, que el Shabat es el deleite de todos. Tanto del alma como del cuerpo, tanto de los de arriba, que viven en las alturas celestiales, como de los de abajo, que habitan en la tierra.

Una cosa más que aprendemos de los términos utilizados ”Llamarás al Shabat” es, que la persona debe invitar al Shabat, llamándolo del mismo modo como se invita a un huésped a la casa, ofreciéndole comidas y deleites.

Del mismo modo, aprendemos de acá, que se debe recibir al Shabat con la mesa servida, con ricos manjares y buena bebida dispuestos sobre ella; por supuesto, cada uno de acuerdo a sus posibilidades, pero siempre esforzándose en servir alimentos y bebida mejores que los demás días de la semana.

También extraeremos de las palabras ”Llamarás al Shabat” la siguiente enseñanza. Debemos llamarlo antes de que oscurezca el día; cuando ya llego ¿para que lo vamos a llamar?.

La razón expuesta, es la causa por la cual, los preparativos deben culminarse cuando aun es de día, quedando tiempo suficiente para salir a recibirlo e invitarlo a nuestro hogar.

La santidad del día es tal, que es apropiado que cada uno se esfuerce en realizar algo para su recepción. Inclusive si la persona tiene decenas de sirvientes, debe hacer personalmente alguna cosa, y participar en los preparativos para recibir al Shabat.

El Talmud en el tratado de Shabat nos relata sobre Rabi Abau, quien solía sentarse sobre un asiento de marfil ventilando el fuego, para que se cocine la comida que él, su familia, y los convidados saborearían en Shabat.

Rab Anan, era el director y juez supremo de uno de los tribunales más importantes, y además, autor del libro Tana Dbei Eliahu, (una de las obras más destacadas de todos los tiempos). Pese a todos estos honores, el erudito cuando llegaba el momento de realizar los preparativos para Shabat, se quitaba su ropa, y vestía otras más simples. Actuaba así, por lo que fue enseñado en la academia de Rabí Ishmael: “Las vestimentas con las que el individuo preparó la comida de su amo, que no las utilice para servirle a él la copa de vino”. Por lo tanto debe quitarse las prendas que se llenaron de humo, u olor a comida, y vestir otras limpias y decorosas, para presentarse frente a él, en forma digna y honorable.

Rab Safra, solía cada víspera de Shabat, preparar la cabeza de un animal, asándolo al fuego, para que se torne apetitosa.

Rabáh, quien llegó a convertirse en el director de la principal academia de estudios, se ocupaba en salar un tipo de pescado llamado “Shebutey”, el cual tiene un gusto muy sabroso.

Rab Huna, era poseedor de una gran fortuna, a tal punto que compraba toda la verdura que había quedado a los quinteros sin vender en el mercado y la arrojaba al río. El objetivo de esto era, para que a la semana siguiente vuelvan a traer buena mercadería que la gente comprará, para preparar la comida de Shabat con las mejores hortalizas.

Cerca del atardecer, el erudito se ocupaba de realizar personalmente una acción para el recibimiento del Shabat y encendía velas en su honor.

Rab Papa, confeccionaba mechas para encender las luminarias del Shabat.

Rab Jisda, cortaba espinaca, para la comida del Shabat.

Raba y Rab Iosef, dos de los eruditos más sobresalientes de la época, cortaban leña, para los preparativos del Shabat.

Rab Zeira, preparaba pequeños trozos de madera, para encender el fuego.

Rab Najman bar Itzjak, cargaba bultos al hombro y los sacaba de la casa, entrando a su vez, lo que se necesitaba para el Shabat. El erudito decía: “Si vinieren a visitarme Rabí Ami o Rabí Iosei, ¿no cargaría acaso por ellos los bultos?. Con más razón lo haré tratándose de un huésped tan honorable como lo es el Shabat”.

Iosef Mokir Shabei (Iosef, el que honra al Shabat), se ocupaba de una manera inusual a hacer los preparativos del sagrado día. En la vecindad donde él vivía, había un hombre que no era judío y que poseía una gran fortuna; los astrólogos gentiles le decían a este individuo: “Iosef Mokir Shabei heredará toda tu fortuna”. Al escuchar semejante noticia, el sujeto vendió todas sus pertenencias, adquirió con ese dinero perlas, y las adhirió a un sombrero especial que confeccionó.

Cierto día, el hombre caminaba por uno de los pasajes del lugar y sopló un fuerte viento el cual hizo volar el sombrero de su cabeza. El sombrero llegó a las aguas del mar, se hundió allí y fue tragado por un pez.

El día viernes, los pescadores que atraparon al pez lo llevaron al pueblo para venderlo y preguntaron si alguien estría dispuesto a comprarlo, pues faltaba poco para que caiga la tarde, y llegue el Shabat. Seguramente a esa hora ya todos han acabado los preparativos.

No obstante, les sugirieron a los pescadores que vayan a ver a Iosef Mokir Shabei, pues él honra de manera especial al Shabat, y siempre compra.

Los pescadores hicieron como les indicaron, golpearon a la puerta de Iosef Mokir Shabei, y este lo adquirió. Abrió el pescado, y en su interior halló las perlas. Las sacó de allí, colocándolas enseguida a resguardo, hasta después que acabe el Shabat.

Iosef Mokir Shabei finalmente vendió las perlas, y le dieron por ellas trece recipientes llenos de monedas de oro.

Despues de haber terminado la venta, pasó un anciano y dijo: “El que presta al Shabat, el Shabat le retribuye”.

En los ejemplos anteriores hemos nombrado a varios de los sabios más destacados del Talmud, y lo que cada uno hacía en honor del Shabat.  Las acciones que se realizan para este fin, tienen ante el Todopoderoso un valor muy grande, y el efecto que producen es tremendo. El sudor derramado para realizar las labores en honor del Shabat tiene una fuerza tal que, en mérito de ello, Di-s borra los pecados cometidos por el individuo.

Al ser el Shabat un día tan especial, debemos conducirnos en el transcurso del mismo de manera ejemplar similar a su esencia. De esta manera podremos vivir felices aquí en la tierra y en el mundo venidero.

Shabat Shalom
  




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