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Shabat Shalom


Parashat Behar-5
Por. R.Aharon Shlezinger



La retribución por dar


En la sección de la Torá que leemos esta semana, llamada "Behar", se menciona: (Vaykrá 25: 35): "Cuando empobreciere tu hermano, y extendiere a ti su mano, lo ayudarás, tanto al forastero, como al residente, y vivirá contigo".

El versículo declara a través de estas palabras, que no se debe dejar caer al prójimo a tal punto que le sea difícil levantarse. Es menester ayudarle en el momento en que él tiende su mano.

Esto se asemeja al caso de un burro cargado, que comienza a desestabilizarse y tambalear. Si alguien acomoda la carga, y lo sostiene, el animal se reincorporará de inmediato, pero si cae, tampoco entre cinco lo podrán levantar.

En otras palabras, diremos que no hay que aguardar hasta que nuestro prójimo caiga a tal extremo que necesite ir a golpear a las puertas de las casas para pedir limosna. Es menester ayudarlo antes de que eso suceda.

Lo aprendido anteriormente se asemeja a un individuo que caminaba por una calle que se encontraba en muy mal estado y llena de barro, por causa de las precipitaciones caídas. De pronto, ve que a unos metros, otro sujeto avanza entre el lodazal y comienza tambalear perdiendo el equilibrio.

Alguien que se hallaba más lejos le indicó al que avanzaba sin problemas, que le tienda una mano al que flaqueaba para que no se caiga al barro. Sin embargo, el sujeto respondió que lo dejen, ya que si eso llega a suceder, él se encargará personalmente de levantarlo, y ayudarle.

Mientras los dos intercambiaban estas palabras, el sujeto en cuestión se cayó al suelo. En ese momento, se lleno de barro, desde la cabeza hasta los pies, también su boca, sus ojos y sus ropas, de tal manera que quedó irreconocible.

Veremos ahora, que es posible que el individuo que dijo que lo ayudaría, cumpla su palabra, hasta que pueda reincorporarse nuevamente; también es factible, que se ocupe de lavar al hombre, y las ropas que llevaba puestas. Pero, con todo eso, no lograría recuperarlas siquiera un tercio, de lo limpias que se hallaban. Además no podría de ningún modo restaurar el disgusto que debió soportar por la caída, y los golpes sufridos al desmoronarse su cuerpo contra el suelo.

En una situación de este tipo preguntamos ¿qué mérito puede atribuírsele a aquel que socorrió al individuo luego del tropiezo, cuando bien podía haberlo evitado sin ningún tipo de impedimento, a través del solo hecho de tenderle una mano para que se apoye?. Por el contrario, en vez de un acto de bien, le será considerado como una infamia, ya que al haberlo podido evitar, y no hacerlo, él fue el causante de la caída de su prójimo.

Por esta razón, el versículo declara: "Cuando empobreciere tu hermano, y extendiere a ti su mano, lo ayudarás, tanto al forastero, como al residente, y vivirá contigo".

Queda claro, que al auxiliar al prójimo antes de que caiga totalmente, permitiendo que se restablezca, uno le está devolviendo la vida, por eso el versículo menciona: "y vivirá contigo". Es decir, tú le haz devuelto la vida, y le has impedido la muerte. Aquel que empobrece quedando sin dinero, es considerado como un ser sin vida.

El ejemplo expuesto da origen al enunciado: "La caridad salva a la persona de la muerte".

A continuación, tendremos la ocasión de apreciar un caso patético de lo recientemente dicho.

Relata el Zohar: Rabí Jía y Rabi Iosef iban por el camino. En un tramo del mismo, se toparon con un monte. Allí divisaron dos hombres que igual que ellos, se desplazaban a pie. Entretanto, llegó al lugar un tercer individuo, que se dirigió a los otros dos y les suplicó: "Denme por favor un poco de pan para comer, pues ya van dos días que me encuentro perdido por el desierto y no he comido".

Uno de los sujetos, se hizo a un lado, extrajo las provisiones que había traído para el camino, y se las dio. El hombre que había llegado hambriento comió, bebió y pudo restablecer sus energías.

En tanto, el compañero del que fue generoso y dio al menesteroso, le dijo: "¿qué harás cuando necesites alimento, porque yo comeré lo mío, y no te voy a dar a ti?".
El otro le respondió: "¿acaso piensas, que me apoyo en tu comida para ir por el camino?".

Luego de esto, el que había sido generoso con el pobre, se sentó a su lado, para hacerle compañía, quedándose allí hasta que acabó de comer. Posteriormente, lo que sobró, se lo entregó también, para que tenga víveres durante el camino. Luego de esto, el menesteroso prosiguió se viaje.

En ese momento, Rabí Jía dijo a Rabí Iosei: "el Todopoderoso no quiso que este precepto sea cumplido a través nuestro. Posiblemente, porque algún decreto severo ha sido sentenciado en el cielo sobre este hombre, y el Todopoderoso le presentó esta oportunidad de hacer un grandioso acto de bien, para salvarlo a través del mismo".

Los hombres siguieron caminando, y también lo hicieron los eruditos detrás de ellos. En un tramo, el que había dado sus provisiones al mendigo, se sintió agotado, a causa del hambre.

Al contemplar la escena, su compañero le dijo: "¿Acaso no te advertí que no des de tu pan a otra persona?".

Al escuchar eso, Rabí Jía propuso a Rabí Iosei: "Nosotros tenemos alimento, démosle para que coma".

Rabí Iosei le respondió: "¿Tú pretendes quitar de él el mérito?. Ya que el mérito suyo se tornará más grande, y logrará salvarse de la sentencia que fue decretada sobre él en los cielos, si en un momento de sufrimiento y aflicción como el que atraviesa, pese a esas penurias, no se arrepiente de la bondad realizada. En ese caso, se adjudicará el derecho de que el decreto que ha sido sentenciado sobre él, sea abolido, y pueda conservar su vida".

El sabio continuó: "Vayamos a ver, pues en el rostro de este hombre con seguridad se deben notar ya signos de muerte, lo que sería el principio de la aplicación del decreto que recayó sobre él".

Entretanto, el individuo se sentó debajo de un árbol, y quedó profundamente dormido. Por su parte, el compañero se alejó de él, y tomó otro camino.
Rabí Iosei dijo a Rabí Jía: "Ahora posicionémonos para ver, pues seguramente el Todopoderoso quiere hacerle un milagro". Los sabios se detuvieron y aguardaron.
Breves instantes más tarde, una fiera salvaje se hace presente en el lugar. El feroz animal mostraba signos de un total enfurecimiento, y en ese estado, avanzó, hasta quedar junto al cuerpo de aquel que dormía.

Rabí Jía dijo a Rabí Iosei: "¡Pobre hombre, seguramente ahora morirá!".

Rabí Iosei le respondió: "Dichoso ese individuo, pues el Todopoderoso le hará un milagro".

En ese preciso instante, bajó de un árbol una peligrosa serpiente que pretendía matar al sujeto. Pero la fiera salvaje se abalanzó sobre el reptil, acabando con su vida. Luego de esto, el feroz animal volteó su rostro y se fue.

Rabí Iosei dijo a Rabí Jía: "¿No te dije que el Todopoderoso quería hacerle un milagro, y no le quitemos a ese sujeto el mérito dándole de comer?".
En eso, el hombre despertó, se puso de pie, y continuó la marcha.

Los sabios, fueron tras él, lo llamaron, y le proveyeron alimentos y bebida. Cuando hubo acabado de saciar su hambre, le mostraron la serpiente, y el milagro que el Todopoderoso le había hecho.

Rabí Iosei dijo: "Dichosa la ‘tzadaka’ (caridad) que salva de la muerte".

Al ser la "tzedaká" algo tan grande y poderoso, es menester esforzarse en cumplir este precepto de manera óptima, dando al que necesita, con un rostro que demuestre alegría y generosidad, pues a través de aquel que recibe lo que le damos, la bendición llegará a nosotros, para que podamos disfrutar de la vida, sin que nada falte en nuestros hogares.

Shabat Shalom

  




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