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Shabat Shalom


Parashat Devarim-5
Por. R.Aharon Shlezinger



Como se debe reprochar al prójimo

Esta semana comenzamos el quinto y último libro del Pentateuco, que se llama Devarim, y es conocido popularmente como “Deuteronomio”. La primera sección de éste mismo, también recibe ese mismo nombre “Devarim”. En ella, Moshé da todas las indicaciones necesarias a la nueva generación para llevar adelante la difícil empresa de heredar la tierra de Israel, pues los padres de éstos, que habían participado en el becerro de oro ya habían fallecido en el desierto.

Moshé sabía que su muerte se aproximaba, y este era el momento de dar las últimas instrucciones a quienes heredarían la tierra prometida. Por eso, recordó a la nueva generación todos los actos ignominiosos cometidos por la generación pasada. Pero no lo hizo en forma directa, ya que el Todopoderoso hace mucho hincapié en el honor de las personas, inclusive que se trate de gente perversa. Por eso Moshé recordó cada lugar donde la generación pasada hizo encolerizar al Todopoderoso, solo a través de indicios.

Aprendemos del reproche de Moshé a la generación que heredaría la tierra de Israel, que nosotros también debemos reprochar a todos nuestros hermanos, hijos, amigos y conocidos. Pues a través de ello se puede lograr que abandonen el camino erróneo, y se encaminen por la buena senda. Por eso, los sabios nos han enseñado como proceder en este aspecto.

Existe un precepto de reprochar al pecador, pero demostrándole un gran amor, y explicandole que estas palabras de reproche son para que se arrepienta de lo que hace y pueda salvarse de ser castigado. (Reshit Jojmá, shaar Anavá 5:15). Esta manera de proceder, la aprendemos del Todopoderoso, ya que con respecto a Él está escrito: “A quien Di-s ama, a él le reprocha”. (Proverbios 3: 12)

Al ser que este es el modo de actuar de Di-s, reprochar a quien ama, así también debemos obrar nosotros, reprochando a nuestro compañero cuando lo vemos cometiendo un acto erróneo.

Pero debemos aprender más del Creador para saber exactamente como actuar en el momento de reprochar a nuestro semejante.

Di-s primeramente reprocha a la persona con amor, en forma secreta, enviándole una aflicción que sea perceptible por el individuo que es reprochado, pero que a su vez esté oculta de la vista de los demás. Por ejemplo, un dolor de estómago.

Luego de esto, si el individuo recapacita y se encamina por la buena senda, en ese caso, el Creador no le enviará más aflicciones. Pero si no hiciere caso, entonces le reprochará a la vista de sus amigos.

Si luego de ello esta persona se encauza por el sendero correcto, el Todopoderoso no le enviará ya más aflicciones, pero si no lo hace, en ese caso le afligirá a la vista de todos. Por ejemplo, hará que sus negocios fracasen, y pierda dinero.

En el caso en que este sujeto tras esta serie de reproches recapacite y decida comportarse adecuadamente, en ese caso Di-s no le enviará más flagelos. Pero si pese a todo, este hombre persiste en su mal andar, el Todopoderoso ya no le hará nada, dejará que se vaya y haga su voluntad.

Este mismo sistema a de ser empleado por nosotros para reprochar a nuestros amigos en el caso que los veamos descarriarse del camino y actuar pérfidamente. Primeramente les reprocharemos en privado. Si no quieren escuchar, sutilmente lo haremos frente a sus amigos, y como última opción, frente a otros.

De todos modos, hay que tener mucho cuidado de no avergonzar a nuestro prójimo, pues es algo gravísimo. Por eso, si se trata de alguien que suele avergonzarse asiduamente, en ese caso, no hay que reprocharle siquiera en privado. Con una persona así, se debe actuar de una forma astuta y sabia, es decir, se hablará frente a él en forma indirecta, como si se estuviere hablando comúnmente, de cualquier otra cosa, y en medio de su conversación, menciona “de paso”, acerca de la penalización existente para quien comete tal y tal trasgresión. De esta manera, el pecador comprenderá por si solo, y se apartará de la falta. Aunque si no lo hace, en ese caso, deberá procederse en forma más directa.

Es muy importante además, tener en cuenta que para reprochar a otra persona, uno tiene que dar el modelo. Por ejemplo, hipócrita sería aquel que reclama a su hijo para que no fume, mientras él lo hace en forma abierta y pública.

Uno debe conducirse por la vida acorde a los preceptos legados por Di-s, y entonces le irá bien a él, y a todos los que lo rodean, ya que los podrá orientar acertadamente, siendo él mismo el ejemplo viviente de lo que predica, lo cual torna a esta persona confiable y creíble.

Apreciemos este relato narrado por Rab. Iosef Jaim en su libro Ben Yoyadá, y tendremos un panorama más claro del asunto mencionado.

Había un individuo cuyo padre era anciano, y no reparaba en traerlo a su casa para darle de comer, ocuparse de sus ropas y demás necesidades. Por eso, este hombre anciano vivía con los pobres de la ciudad.

Aconteció un día, en el que hacía mucho frío, que el señor mayor estaba sentado junto a los otros pobres de la ciudad en una de las calles de la misma. En ese momento, pasó por el lugar su nieto.

Al verlo, el abuelo le suplicó que tenga consideración y se apiade de él. Le pidió que preste atención al terrible frío que hace, y sin embargo su abuelo yace a la intemperie, carente de abrigo para cubrirse y poder soportar la crudeza del tiempo reinante. Luego le rogó: "Por eso te pido que digas a tu padre que me envíe un abrigo para cubrirme".

El niño quedó conmovido por lo que sus ojos vieron y lo que sus oídos oyeron. Por eso, no perdió el tiempo y fue inmediatamente a contarle a su padre lo que sucede con su abuelo.

El padre del chico, tras escucharlo, hizo un gesto con la cabeza indicándole que suba a la azotea. Luego abrió su boca y le dijo "hallarás allí una prenda de vestir que está colgada en el perchero. Tómala y llévasela a tu abuelo".

El niño subió a la azotea y halló la prenda, la cual era muy vieja y estaba totalmente destrozada. Ese modo de proceder de su padre le causó profundos sentimientos de dolor, impotencia y angustia. Su corazón estaba totalmente destrozado, ya que no podía creer lo que sus ojos veían. Jamás pensó que su padre actuaría de semejante manera, demostrando una crueldad atroz ante las penurias de su semejante, y más tratándose de su propio progenitor. Por eso, el niño reunió valor y tomó una decisión audaz. Buscó una tijera, y con la misma cortó la prenda a lo largo en dos partes iguales.

Haciendo eso se demoró en la azotea, y al apreciar que el niño no desciende, su padre le gritó para saber por que se demora y que es lo que hace allí. Pero no obtuvo ninguna respuesta a su llamado.

El hombre lo intentó nuevamente, y luego otra vez más, pero su hijo no respondía. Unos minutos después, el pequeño descendió de la azotea, portando en su mano la mitad de la prenda.

Al ver eso, su padre le preguntó: "¿Por qué cortaste la prenda en pedazos? ¿Que harás con la mitad restante?".

El jovenzuelo le respondió: "Lo guardaré para cuando envejezcas, pues en ese entonces te arrojaré de esta casa, y forzosamente te sentarás en la calle con los pobres de la ciudad. Y en los días de frío, cuando me pidas una prenda para protegerte de las inclemencias del tiempo, te enviaré esta mitad que quedará aquí guardada, ya que las obras que hacen los padres harán sus hijos, y así como te conduces con tu padre me conduciré contigo".

El hombre se avergonzó en gran manera, y supo el terrible pecado que cometió con el honor de su progenitor. Reflexionó un instante y temió que en el futuro le suceda a él lo mismo, por eso fue y pidió perdón a su padre y lo trajo a su casa.

Queda claro de este suceso narrado, cual debe ser nuestro modo de conducta, tanto frente a las demás personas, como ante el Todopoderoso. Pues si no nos conducimos por un camino correcto, en ese caso no podremos reprochar a nadie por lo que hacen mal, ni siquiera a nuestros propios hijos. Ya que, por citar un ejemplo ¿Qué cara puede tener este padre del relato para recriminar a su hijo por no ser considerado con sus hermanos, o con la madre, luego de lo - que pasó?. E inclusive cuando le quiera llamar la atención por otra cosa, respecto de la cual él personalmente da el ejemplo de ello, seguramente lo pensará dos veces, ya que su reputación e imagen frente a su propio hijo han decaído notablemente. Ya no es ante los ojos de su hijo el padre ejemplar, ahora cada vez que deba llamarle la atención, sentirá en su interior una sensación muy distinta a la que sentía en el pasado. La autoridad que tenía en la casa como padre, no es siquiera en su propia conciencia la misma que tiene ahora. Por eso, es menester pensar muy bien lo que hacemos, y si nos viene en gana realizar una cosa fuera de lugar, en ese caso, pensemos en las consecuencias que ello puede acarrear en el futuro.

Tengamos siempre presente el legado de nuestros sabios, que surgió cuando el gran Rabí Yojanan ben Zakay envió a sus cinco alumnos más destacados a investigar cual es la virtud más importante, a la cual la persona debe apegarse en su vida para ser una persona digna y ejemplar.

Ellos hicieron lo que su maestro les pidió, y de regreso cada uno informó el resultado a la pregunta formulada. Uno de ellos era Rabí Eliezer, él dijo: “(hace falta tener) buen ojo”, pues a través de ello, la persona se conforma con lo que tiene, y también se contenta con los logros de los demás. De esta manera esta persona ama a todos, y es amado por todos. Así estará ligado a la raíz misma de todas las cualidades buenas existentes en el mundo, “el amor por todo el mundo”.

Otro de sus alumnos era Rabí Yeoshúa, él, luego de mucho investigar, dijo a su maestro: “Buen compañero”. De este modo, a través de ser un buen compañero de los demás, provocará que los demás lo sean también con respecto a él. Así logrará alcanzar la raíz de todas las cualidades.

Rabí Yosei dijo: “Buen vecino”. Pues a través de ser un buen vecino, la persona se habitúa a ser considerado y bondadoso con todo aquel que viene a él con una solicitud, una queja, o un reclamo. Así irá forjando su conducta adecuadamente, lo cual le permitirá alcanzar la raíz de todas las cualidades.

Rabí Elazar, dijo “Buen corazón”. Al ser que todas las cualidades nacen en el corazón, por eso aquel que tiene un buen corazón, todas sus cualidades son buenas. El maestro, o sea, Rabí Yojanan ben Zakay se mostró muy satisfecho, y consideró como que esta sentencia dicha por Rabí Elazar, contiene a todas las que dijeron los demás alumnos (Mishná Pirkey Avot 2: 9 - Kehaty).

Hemos dejado para el último la quinta opinión, dado que es la que habla sobre nuestro tema que estamos abordando, pero en realidad, en la Mishná está en cuarto lugar. Rabí Shimon dijo: la cualidad a la que la persona debe apegarse en su vida es: “Ver el nacimiento”. Es decir, ver desde antes de hacerlo, que es lo que sucederá con lo que haremos en el futuro. De esa manera sabremos si realizar lo que pensamos o no.

Si actuamos de acuerdo a la enseñanza de Rabí Shimon, jamás caeremos en el error cometido por ese padre del relato que trascribimos, quien fue cruel con su propio progenitor, a tal punto de llegar a ser reprendido por su propio hijo. Adaptándonos a este sistema, podremos llegar a un nivel adecuado, y no tendremos obstáculos en llamar la atención a nuestros niños cuando están haciendo alguna travesura, ni a nuestro amigo cuando está cometiendo un error, o al vecino, si es que no está haciendo bien las cosas.

Este es el modo para ser personas ejemplares, y tener en nuestro entorno, las mismas posibilidades que tuvo Moshé con todo el pueblo judío, a quienes reprendió por lo que hicieron mal, y nadie le criticó nada, pues él mismo, con su propia vida, daba el buen ejemplo.

Shabat Shalom





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