
¿QUIEN ES EL DUEÑO?
Cualquier persona que deba enfrentarse a un juicio – necesita cierta preparación... no podrá seguir conduciéndose – en libertad – según los designios de su corazón, haciendo todo lo que se le venga a la mente, y llegar así, sin pensar, al juicio...
Cierta vez, se me acercó una persona – dice el rab hagaon Arieh Shejter ztz”l – y se presentó a sí misma: yo soy uno de los principales dirigentes del movimiento conservador...
-¿Y qué me indica que tú eres iehudi? – le pregunté.
-Yo no robo, yo no mato, yo no miento – respondió.
-También un no iehudi puede decirme – exactamente – las mismas cosas... Y agregué: las cosas que has nombrado, no son una señal que pueda indicarme que tú eres iehudi...
-¿Y cómo se demuestra el judaísmo de una persona, de acuerdo a tu línea de pensamiento? – me preguntó.
-Para responderte, voy a hacerte otra pregunta, y te pido – por favor – que la respuesta sea objetiva y verdadera:
El dueño de una fábrica, tiene dos empleados. El primero, hace su trabajo y lo completa en un setenta y cinco por ciento... con toda cosa que hace – el dueño de la fábrica necesita continuar con el trabajo y completar el veinticinco por ciento restante. El segundo, completa su trabajo, alcanzando el noventa y cinco por ciento. Después de que hace cada cosa – el dueño, casi no necesita hacer nada... casi... El trabajo está – prácticamente – terminado, sólo le falta un pequeño “acabado”.
El dueño de la fábrica, se acerca al primer trabajador, y le pregunta: ¿por qué no haces tu trabajo al ciento por ciento?, ¿tienes idea de cuánto yo necesito trabajar después de que tú “terminas” a tu manera?
-¡Mi señor patrón!, ¿usted recuerda?, cuando fui aceptado para trabajar aquí, yo hacía mi trabajo sólo hasta el cincuenta por ciento. Poco a poco, me esforcé, fui avanzando, estudié, y ahora, ya alcancé el setenta y cinco por ciento. Mi deseo es conseguir – muy pronto – el ciento por ciento... si usted me da la posibilidad, y no me saca del trabajo – con la Ayuda de Hashem, llegaré al nivel que me exige...
El dueño – ahora – se encuentra con el segundo empleado, y le pregunta: ¿por qué tú no haces tu trabajo al ciento por ciento? Cada vez que tú das por terminado un trabajo, yo tengo que completar las pequeñas cosas que dejaste sin hacer. ¿No puedes completar cada trabajo que comienzas?
-Yo puedo, pero no me interesa... También un noventa y cinco por ciento es algo excelente. Si no, mire al otro empleado que está muy lejos de mi nivel, con su pobre setenta y cinco por ciento...
Y ahora – me dirigí hacia este iehudi conservador – contéstame con sinceridad: ¿con cuál de los dos empleados te quedas?
-Con el primero.
-¿Por qué?, él sólo hace el setenta y cinco por ciento del trabajo y al dueño de la fábrica le queda mucho trabajo para completar cada cosa. ¿Dónde está tu olfato para los negocios?, ¿prefieres un setenta y cinco por ciento del trabajo antes que un noventa y cinco por ciento?
-Todo está muy bonito – me respondió – pero el segundo trabajador le dijo al dueño de la fábrica – en otras palabras – ¡tú no eres el dueño!, ¡yo soy el dueño aquí!, y yo hago lo que quiero...
-¡Que escuchen tus oídos lo que dice tu boca! – le dije. Esto es lo que hacen ustedes, en esta línea llamada movimiento conservador.
Ustedes cumplen – en la Tora – solamente lo que les parece bien, lo que les resulta cómodo y compatible con el modo de vida que quieren vivir, y no hacen, lo que parece incómodo, o implica cierto sacrificio...
Resulta cómodo para ustedes no mentir, no matar y no robar – entonces, se pueden cumplir, pero otros preceptos de la Tora que no son tan cómodos – no es necesario cumplirlos.
En otras palabras: Hakadosh Baruj Hu no es el “Dueño de Casa”, ¡tú eres el Dueño de Casa!
¿A Quién llamamos el Dueño de Casa? Solamente a Quién da las directivas y todos las cumplen con exactitud, tanto yo pueda arreglarme o tanto no me sea tan fácil arreglarme...
Si ustedes pueden elegir, cumplir sólo las cosas que son cómodas, es la señal de que – también – lo que ustedes cumplen – no lo hacen porque lo ordena Hakadosh Baruj Hu – que es el Dueño de Casa – sino, simplemente, porque a ustedes les viene en gana...
El “Or Hajaim” Hakadosh escribió sobre el versículo (Shemot 20,1): y Hashem dijo todas estas palabras, diciendo...
Otra cosa quiero decir, sobre lo que dijeron: todas estas palabras... significa que no existe la posibilidad de recibir la Tora, sino cuando recibo todas estas palabras, o sea, toda la Tora...
Y todo el que recibe la Tora, menos un precepto, ¡no tiene Tora! Si una persona cuida seiscientos doce preceptos, significa que no tiene en su mano – siquiera – un precepto.
Está perdiendo el significado de “que nos santificaste con Tus Preceptos”, porque aquí no están “Tus Preceptos”.
Algo parecido escribió Rabenu Iona, sobre el esclavo que le dice a su patrón: estoy dispuesto a escuchar todo lo que usted dice, salvo una cosa... Este esclavo está traicionando a su patrón, y dice Rabenu Iona:
Las palabras textuales de Rabenu Iona (Shaarei Teshuva, 1,6): si el esclavo le dice a su patrón: todo lo que me diga haré, salvo una cosa – ya rompió las ataduras que lo sometían a su patrón, porque hará solamente lo correcto a sus ojos... es decir, lo más cómodo.
¡Señores! Este es nuestro trabajo para estos días, los días previos al Juicio: recibir sobre nuestros hombros y reconocer, el reinado del Cielo, completamente, sin que falte ninguna cosa... Y aunque no siempre podamos cumplir todo, pero la intención – con un deseo fuerte – para hacer, lo que el Dueño de Casa nos ordena hacer...
También cuando algunas veces resulta difícil, y exige mucho esfuerzo o algún sacrificio de nuestra parte...
Arieh Shaag – Iamim Noraim.
Leiluy Nishmat
Israel Ben Shloime ztz”l
Daniel Israel Ben Iehuda ztz"l
Shlomo Ben Simi z”l
Rab Itzkaj Ben rabi Shalom Mordejai Shevadron ztz”l
Lea (Luisa) Bat Rosa Aleha Hashalom
Iemima Bat Abraham Avinu Aleha Hashalom
Clara Bat Elías Aleha Hashalom
Rivka Bat Mordejai Jaim Aleha Hashalom
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