

FUERZA... ¿QUE FUERZA?
Darás, ciertamente le darás...
(Devarim 15,10)
El mérito de la Tzedaka se levanta para quienes dan, salvándolos de todo mal, quitando lo malo de los decretos, también cuando para esto, sea necesario un cambio en la naturaleza...
El “Ben Porat Iosef” escribió, que en todos los actos de Tzedaka, está señalado el Nombre de Hashem: la moneda frente a la letra Iud, por ser redonda, se parece a la Iud. La mano que da, que tiene cinco dedos, frente a la letra Hei. El brazo, frente a la letra Vav, y la mano del pobre, que recibe, con sus cinco dedos, frente a la letra Hei...
Está escrito – continua el “Ben Porat Iosef” – (Tehilim 91,5-7): no sentirás el temor de la noche... ni por la flecha que vuela en el día, la peste que va en la niebla... a ti no llegarán. ¿Y por mérito de qué, el hombre no tiene que sospechar del miedo de la noche, de las epidemias o las enfermedades? – pregunta el rab hagaon Shlomo Levinstein Shlita.
Responde el versículo 9: porque tú Hashem, eres mi refugio, por el mérito de dar Tzedaka, que señala el Nombre de Hashem, las personas se salvan de toda enfermedad y de toda cosa mala.
En Tunez, en la ciudad de Yerva, hubo una epidemia de cólera, que se llevó muchas vidas.
En esa ciudad vivía un iehudi justo y piadoso, rabi Iehuda Tzadika, así era su nombre, y él rezaba mucho para que se detenga la epidemia.
Pasaron unos días, y se revelaron – frente a él – Angeles asesinos, encargados de la propagación de dicha enfermedad, y el rabino pudo comprobar que llevaban – en sus manos – una libreta de anotaciones, donde estaban escritos los nombres de las personas a las que les llegó el tiempo de dejar este mundo, con esa enfermedad.
Rabi Iehuda Tzadika tomó la libreta con sus manos y leyó los nombres que estaban escritos. Y vio, entre todos los nombres, un nombre conocido.
-Llegó su tiempo – dijeron los Angeles – en un momento iremos a cumplir con la misión para la que fuimos enviados.
-No es posible – dijo rabi Iehuda – yo lo conozco bien y sé que es un hombre que ¡da mucha Tzedaka!
Cuando los Angeles escucharon, ellos aceptaron – por la fuerza – y borraron el nombre de la lista, en la libreta de anotaciones.
También en nuestra generación, nosotros tenemos el mérito de ver los grandes milagros que suceden con la fuerza de la Tzedaka, como atestiguaremos:
Un bebé, de sólo dos semanas de vida, lloró durante todo el Shabat. La madre, que había visto una mancha blanca sobre su lengua, supuso que era una especie de hongo, y el domingo en la mañana llevó a su bebé al doctor.
El doctor confirmó la sospecha, pero después de una revisión más profunda, descubrió una infección en un oído, y por cuando que el bebé era muy pequeño, debió quedar internado en el hospital.
Tal vez, no se trataba de un problema crítico, y los padres estarían dispuestos a renunciar con gran alegría al placer que les esperaba con una internación en el hospital. Y también se preocuparían, de que la salud del bebé – tan dócil y pequeño – no se complique – Jalila – y que pueda salir adelante en este asunto, sin sufrir ningún daño.
Antes de salir del hospital, el padre se acercó a uno de los grandes rabinos, sabios en Tora, y le dio una donación para su Colel, diciendo que le dé méritos para la curación del bebé. De allí viajó para sacar al bebé del hospital.
El doctor de turno en la sala de urgencias, habló a los padres con mucha seriedad, y revisó nuevamente al bebé, con gran minuciosidad.
-Yo estoy muy extrañado – dijo a los padres – revisé muy bien a vuestro bebé y yo no encuentro ni la infección, ni siquiera rastros de que hubiera habido dicha infección... ustedes están en libertad, pueden llevar a casa al bebe. Una hora después, el bebé dormía en la casa, sano, y lo principal – tranquilo.
Conté este relato – dice rabi Shlomo – en una Midrasha para jóvenes retornantes, como prueba de la fuerza del precepto de Tzedaka, para quitar todo problema o enfermedad.
Al otro día, en la noche, una de las oyentes llamó a mi casa, pidiendo – con mucho entusiasmo – contar su relato personal:
Ayer desperté – en la mañana – con la mitad derecha de mi rostro inmovilizado, como desconectado del resto del cuerpo – contaba. El susto fue muy grande y llamé para pedir un turno con un doctor especialista.
Me dieron turno para ese mismo día, en la tarde, y aproveché el tiempo que tenía que esperar, para llegar a la Midrasha y fortalecerme con varias de las conferencias.
Entre las distintas disertaciones, escuché – también – las palabras del rabino, que resaltaban la importancia del precepto de Tzedaka, y esas palabras entraron en mi corazón.
El doctor, que me vio más tarde, se veía muy preocupado, y me envió a visitar a un neurólogo – en el hospital Ijilov. Camino al hospital, recordé el relato del rabino, y le pedí a mi esposo que vaya a ver al mismo sabio – que el rabino mencionó en el relato – y done dinero para Tzedaka.
Mi esposo lo hizo, dio mi nombre y pidió que eleven sus oraciones por mi curación – y mientras los labios de los estudiantes rezaban, yo seguía mi viaje al hospital.
En el hospital, el neurólogo realizó una serie de exámenes, y cuando terminó, me dijo: el problema se encuentra en el centro del cerebro, lo que significa, que has sufrido un derrame cerebral...
Mis ojos se cerraron... ¿un derrame cerebral?, ¿a mi edad?, ¿a quién le puede pasar por la cabeza de que se tratara de algo tan terrible?
El doctor escribió su diagnóstico y mandó a llamar a la encargada de la sección, para que me revise. La esperé – me sentía destrozada. Ella miró los exámenes con mucha concentración, y entonces me dijo – para mi sorpresa, cosas completamente diferentes:
-¡Es un error! El problema no está en el centro sino en la periferia. No es un derrame sino un virus, que pasará con el tiempo.
Ya en casa, de nuestras bocas salían sólo cantos y alabanzas al Creador. Hoy me levanté mejor, y el problema casi desapareció...
Umatok Haor.
Leiluy Nishmat
Israel Ben Shloime ztz”l
Daniel Israel Ben Iehuda ztz"l
Shlomo Ben Simi z”l
Rab Itzkaj Ben rabi Shalom Mordejai Shevadron ztz”l
Lea (Luisa) Bat Rosa Aleha Hashalom
Iemima Bat Abraham Avinu Aleha Hashalom
Clara Bat Elías Aleha Hashalom
Rivka Bat Mordejai Jaim Aleha Hashalom