

Rav Avigdor Miller sobre el peligro del enojo
Pregunta:
En el libro de Kohelet-Eclesiastés se dice que «la ira está en el regazo del necio». Pero, ¿acaso no hay personas inteligentes que se enojan?
Respuesta:
Kaas-enojo, es una debilidad de las personas sin educación.
Digamos que hay un banco. Hay un vicepresidente que trabaja en su oficina. Si quieres solicitar un préstamo importante o una hipoteca, hablarás con él. Afuera, en la acera, está el conserje barriendo. Si pasas por allí, te grita: «¡Señor! ¡Quítese de mi camino! ¡Tengo que barrer!». Te habla con enojo.
Pero el vicepresidente, en su papel de vicepresidente, jamás te hablará con enojo. El vicepresidente sabe cómo tratar bien a la gente. Por eso es vicepresidente. El conserje no sabe cómo hablar con educación, por eso es un conserje.
Si quieres ser alguien, tienes que aprender a ser kovesh et kaaso -conquistar tu ira. Es una de las cosas mas elementales.
Y debes saber que enojarse estando casado es algo muy peligroso. Porque muchas veces las parejas se separan solo por la ira.
Vienen a verme parejas y les pregunto: "¿Qué pasa? ¿Está trabajando?".
Él trabaja.
“¿Te da dinero?”
Él da dinero.
Ambos son judios observantes.
¿Qué ocurre entonces? Están discutiendo.
¿Discutiendo sobre qué? La verdad es que discuten por nada. Simplemente se enojan. El enojo provoca que la otra persona también se enoje. Por lo tanto, el enojo es uno de los mayores obstáculos en la vida matrimonial.
Es una lástima perder el trabajo. ¿Cuántas personas han perdido su empleo por enfadarse? Si quieres conservar tu trabajo, no muestres enfado, sobre todo con tu jefe.
Mucha gente se arruina por la ira. Pasas por la calle y un vagabundo te dice algo, te insulta, te llama judío sucio. ¿Te vas a enfadar con él? ¡Dios mío! ¡Qué te puede pasar!
Sonríe. Salúdalo con la mano. Y piensa pero para ti mismo: “Que se muera.... Debería morirse”. (por lo malo que esta diciendo)
Una vez iba caminando por la calle cuando un gentil se me acercó y me dijo algo, algo desagradable. Le pasé el brazo por el hombro. «Hace mucho que no te veía», le dije. ¡Se puso tan avergonzado! Quería esconderse en una grieta de la acera. No sabía qué hacer. Caminamos hasta la esquina. Me despedí y terminé. Me marché.
La ira no sirve para nada. La diplomacia sí. Como alguien dijo una vez: «Se cazan más moscas con miel que con vinagre».