
BS”D
SANTIFICAR, O…
Y no profanarán Mi Nombre Santo y me santificaré en los hijos de Israel. Yo Soy Hashem que los santifica, los saqué de la tierra de Egipto para ser vuestro D-s, Yo Soy Hashem… (Vaikra 22,32-33)
Y escribió Rashi: los saqué de la tierra de Egipto con esta condición – es decir – que la finalidad de la salida de Egipto es la santificación del Nombre de Hashem (Kidush Hashem).
Los pesukim hablan no sólo sobre dos cosas, sino sobre dos extremos opuestos: la profanación del Nombre, frente a la santificación del Nombre… La profanación del Nombre de Hashem es el pecado más terrible que existe, como encontramos en la Guemara, en el tratado de Ioma (hoja 86a), que hay cuatro clases (o escalas) de perdón, y para el que profanó el Nombre de Hashem, el arrepentimiento no tiene la fuerza suficiente, ni tampoco Iom Hakipurim puede perdonarlo, los sufrimientos, que normalmente limpian aquí no tienen efecto, y todo queda pendiente – en este caso – hasta la muerte, que es la única que tiene la fuerza para traer el perdón…
En el otro extremo, el precepto más elevado – dice el rab hagaon Jaim Friedlander ztz”l – es el Kidush Hashem.
Y sobre este precepto – Kidush Hashem – ordenaron nuestros sabios, que debemos entregar el alma por él, como sabemos que debemos hacer con los pecados “graves”: relaciones prohibidas, derramamiento de sangre e idolatría, como así también, cuando los malvados quieren obligarnos a cambiar costumbres – simples – pero exclusivas del pensamiento de Israel, como vemos en el tratado de Sanhedrin (hoja 74b) con “Arketa Dimsaana”, obligando al iehudi a cambiar su forma recatada y especial de atarse los zapatos…
También por esto, es necesario entregar el alma, porque se trata de valores muy elevados, incluidos en el precepto de santificar el Nombre de Hashem…
Y Rashi Hakadosh nos da una idea del valor inmenso que tiene este precepto – Kidush Hashem – por el que se nos pide entregar el alma, nos dice que esto es un mérito para la persona, porque una persona que entrega su alma, se está entregando a la muerte, y ahora, se le hace un milagro, pero sólo en este caso, porque muchas veces, una persona se entrega para que se le realice un milagro, y cuando es así, el milagro no se produce…
Como encontramos con Janania, Mishael y Azaria, cuando Nebujadnetzar Harasha ordenó que representantes de todos los pueblos debían reunirse en una enorme plaza e inclinarse – todos al mismo tiempo – al ídolo…
Y aunque no se trataba de un acto de idolatría completo, estos tres hombres fueron con el profeta – Ieshaiahu – y le preguntaron si Hashem les haría un milagro para salvarlos… ellos pensaban mantenerse de pie, separados uno del otro para que se vea bien, que no se inclinarían…
El profeta les dijo que le preguntaría a Hashem, y cuando Hashem se le presenta, le dice al profeta que no hará ningún milagro…
El profeta – con tristeza – dice a los tres hombres que Hashem dijo que no los salvaría. Ellos dijeron: no importa, de todas formas, no vamos a inclinarnos, vamos a santificar Su Nombre…
La noche siguiente, Hashem vuelve a presentarse al profeta, y le dice: ¿tú crees que no voy a salvarlos?, seguro que sí, pero ellos no deben saberlo…
Hashem les hizo el milagro, y los salvó…
Pero, es necesario entender, el versículo nos habla de dos cosas tan extremadamente opuestas, por un lado, el precepto más grande y elevado – Kidush Hashem, y frente a él, el pecado más grave – Jilul Hashem.
¿Acaso no hay un punto medio entre el Kidush Hashem y el Jilul Hashem? Encontramos muchas personas – que cumplen con la Tora y los preceptos – que no profanan el Nombre de Hashem, pero tampoco tuvieron el mérito de alcanzar un nivel elevado para decir, sobre ellos, que santifican el Nombre de Hashem…
Sin embargo, del versículo se entiende, que todas las personas harán – siempre – una cosa, o profanar el Nombre, o santificar el Nombre… no existe un punto neutro en el que no hacemos ninguna de las dos cosas.
Si una persona profana Su Nombre, con esto provoca que no se santifique Su Nombre, y frente a esto, evitar la profanación de Su Nombre se consigue – solamente – por medio de la santificación del Nombre…
Y tenemos un gran problema, y será necesario hablar sobre lo grande que es el precepto de santificar el Nombre de Hashem.
Nuestros sabios disertaron sobre el versículo en la perashat Ajare, donde nos dice que viviremos en las palabras de Tora, y dijeron, en el tratado de Ioma (hoja 85b): para que vivan en ellas y no para que mueran en ellas… y estudiamos que el peligro de vida, empuja a toda la Tora, porque la esencia de la Tora es la vida…
Y aquí, la Tora nos ordena a entregar el alma para santificar Su Nombre… Como dijo la Guemara, en el tratado de Berajot (hoja 61b), sobre la muerte de rabi Akiva: cuando conducían a rabi Akiva hacia la muerte, comenzaba el tiempo para recitar el Keriat Shema… peinaban su carne con peines de hierro y rabi Akiva recibía sobre sí el reinado del Cielo… Le dijeron sus alumnos: ¡Rabenu! ¿hasta aquí? (como diciendo: tanto está sufriendo, le están arrancando su carne, y ¿es momento para recitar el Shema Israel con tanta intención, a pesar de los sufrimientos?) Respondió rabi Akiva: durante toda mi vida estuve sufriendo por las palabras del versículo: amarás a Hashem, con toda tu alma… inclusive cuando te quitan el alma… y pensé: ¿cuándo vendrá a mi mano este precepto para cumplirlo?… y ahora, que llega a mi mano, ¿no lo voy a cumplir?… Y recitó: Shema Israel, Hashem Elokeinu, Hashem Ejad… y alargó en la palabra Ejad, hasta que su alma salió con la palabra Ejad…
Rabi Akiva, durante toda la vida se preparó, esperó a que llegue el momento para cumplir este precepto tan importante y elevado… pero, por otra parte, estamos obligados a cuidar este bien tan valioso como es nuestro cuerpo y alma – vivirás en ellas (está escrito). ¿Entonces? En el libro “Maguid Meisharim”, está escrito que el Angel le dice al Beit Iosef, que gracias a que durante toda su vida entregó su alma para santificar el Nombre de Hashem, se hará merecedor de morir – también – santificando el Nombre de Hashem…
También es necesario entender sobre la acción de santificar el Nombre de Hashem, ¿cómo es que Hashem se santifica cuando una persona entrega su alma con ese fin? ¿Acaso nosotros podemos agregar santidad a la santidad de Hashem Itbaraj?
Y el versículo dice: me santifiqué entre los hijos de Israel – como que Hashem se santifica con nuestras acciones… y al final dice: Yo Soy Hashem que los santifica… El nos santifica y no nosotros a El… (se ve más lógico) Vamos a intentar explicarlo…
Está escrito al comenzar la perashat Kedoshim (Vaikra 19,2): serán santos, porque Yo Soy Santo, Hashem vuestro D-s…
Dijeron nuestros sabios: santos – separados (se apartarán de los pecados). Y preguntaron, si la explicación de la santidad es separarse, ¿qué significa este concepto para Hakadosh Baruj Hu?
La separación es un concepto perteneciente a este mundo, ¿acaso podemos alabar a un hombre – que perdió la voz – porque no habla Lashon Hara (maledicencia)? Esto no es una alabanza para él, y de la misma forma, no es posible decir por qué nosotros seremos santos porque Hashem es Santo… Y otra cosa debemos explicar, si la santidad es la separación, ¿por qué los asuntos de santidad dependen de Hashem? – serán santos porque Yo Soy Santo…
Ya explicamos que algo apartado o diferenciado no aporta a la santidad. La separación es sólo un paso – cuando apartamos lo negativo – damos lugar a que venga la santidad. Cuando decimos “Kadosh” (santo) – es elevado, que una persona se eleva por encima de todos los valores de este mundo, como lo explicó el “Mesilat Iesharim”, que la santidad tiene un nivel especial, a diferencia de la pureza, que también nos separa de este mundo.
Pero, la persona pura, utiliza la materia de este mundo para el servicio a Hashem, en cambio, será mucho mejor si pudiera desconectarse completamente, de los valores de este mundo…
Frente a esto, el santo se apega al Creador, y no tiene por qué temer cuando utiliza los valores materiales de este mundo, porque él no desciende junto con lo material (al utilizarlo), sino – todo lo contrario – él eleva la materia y todos los valores de este mundo para servir a Hashem, porque no hay ninguna cosa en la Creación que pueda separarlo de su apegamiento al Creador, por eso, no existe el miedo en el uso de la materia de este mundo, y con ese uso, en la medida correcta, la persona se eleva y eleva a este mundo junto a él…
Entonces, santo significa elevado, pero es imposible elevarnos todo tiempo que estamos atados a la materia de este mundo… así, atados a la materia, podríamos ser malvados con el permiso de la Tora – lo alenu – sólo al desconectarnos, podemos elevarnos y alcanzar la santidad… y conectados al Creador que nos dice: serán santos… ¿por qué?, porque Yo Soy Santo… cuando nos unimos a Su Santidad, podemos elevarnos…
En resumen, tenemos dos asuntos en la santidad, que están relacionados, uno con el otro: La santidad, se alcanza con la elevación, y la desconexión de todo lo material de este mundo. Cuando vivimos en el nivel de santidad, nos elevamos en nuestro apego al Creador, y entonces podemos desconectarnos de los valores de este mundo…
Sifte Jaim.
LEILUY NISHMAT
Israel Ben Shloime ztz”l
Daniel Israel Ben Iehuda ztz”l
Shlomo Ben Simi ztz”l
Rab Itzkaj Ben rabi Shalom Mordejai Shevadron ztz”l
Lea (Luisa) Bat Rosa Aleha Hashalom
Leah Guitel Bat Rajel Aleha Hashalom
Sofía Bat Baruj Aleha Hashalom
Iemima Bat Abraham Avinu Aleha Hashalom
Olga Bat Rosa Aleha Hashalom
Clara Bat Elías Aleha Hashalom
Rivka Bat Mordejai Jaim Aleha Hashalom
Inscribite
Contactanos